El Diario de “Las Vigilias” / Canelones

A modo de adelanto de lo que serán “Las Vigilias del Bicentenario”, a realizarse el próximo 22 de octubre en todas las capitales departamentales del país, les proponemos trazar un recorrido histórico por las plazas y los parques donde tendrán lugar estas fiestas. Buen viaje.

Canelones/Plaza 18 de Julio
“Que adrenalina tiene, la vida de La Joaquina”


La frase del título pertenece a una canción de una extinta banda de rock local. “La Joaquina”, es como popularmente se le dice al Monumento a la Bandera ubicado en el centro de la Plaza 18 de julio, y referencia ineludible a la hora de ilustrar el vínculo de ese espacio con el pueblo.

Según la ocurrencia de aquella generación, La Joaquina tiene una doble vida. Durante el día, es la estatua que todos conocen, una mujer de 16 metros de altura, vestida con túnica y sandalias al estilo greco-latino, con una espada en la mano derecha y una bandera en alto en la izquierda. Sin embargo, en la noche cobra vida y sale a recorrer las calles de la ciudad y a entreverarse con su gente. Esta anécdota, a pesar de sus ribetes mágicos y absurdos, sirve a la perfección para mostrar la presencia del monumento en la vida cotidiana de los canarios. Desde el principio, ha estado rodeado de invenciones, misterios y rumores a propósito de su origen.

La Plaza 18 de Julio – donde se encuentra el Monumento a la Bandera – existe desde los inicios de la villa. Cuando en 1776 el párroco Juan Miguel Laguna llega a la zona y construye la primera capilla, quedó constituida -como era la costumbre hispánica- la que sería la plaza de la localidad. La naciente Villa Nuestra Señora de Guadalupe tenía reservado en su porvenir episodios más que significativos para la historia del país. En 1813 se instala el primer gobierno patrio, y allí se creó y se izó, por primera vez, el pabellón nacional.

Cuando en 1828 se firmó la Convención Preliminar de Paz entre las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil, por el cual nuestro territorio se constituía en un Estado independiente, el gobernador provisorio, Joaquín Suárez –oriundo de la zona-, planteó la necesidad de crear un pabellón propio. Fue así que nació la primera bandera nacional. Constaba de 9 franjas azul celeste sobre campo blanco, una por cada departamento en esa época, y con un sol sobre el ángulo superior del lado del asta.

En homenaje a este episodio y a Joaquín Suárez en particular, durante la dictadura de Gabriel Terra se dispuso la erección del monumento. Este fue construido entre 1934 y 1939 por el escultor local Juan D´aniello. En este punto es que la historia aparece con ciertos agujeros negros que los vecinos de la ciudad se han encargado de rellenar con rumores que sobreviven y se desfiguran de generación en generación, a través de la tradición oral. El misterio más grande es por qué el Monumento a la Bandera nunca tuvo una inauguración oficial. Según algunos de los rumores que aparecen recogidos por los medios locales, cuando la comisión encargada de seguir los trabajos llegó al taller de D´aniello, este había desaparecido; pero allí estaba, terminada y solemne, la escultura. La anécdota en sí parece poco creíble, pero es divertida de contar. Otro de los rumores que sobreviven, es que el monumento fue pensado para ubicar en otro lugar, en el cual pudiera ser observado desde lejos. Eso explicaría su tamaño excesivo para las dimensiones de la plaza.

Misterios al margen, y a pesar de haber sido gestada en una época oscura en la historia del país, con el paso del tiempo “La Joaquina” se ha constituido en símbolo y punto de encuentro para los habitantes de Canelones.

Pero este no es el único rasgo distintivo que ha sabido tener la Plaza 18 de Julio. Según cuenta el profesor canario José “Pepe” Vidal, “quedaron grabadas a fuego en la nostalgia de los veteranos, las vueltas a la plaza en las primeras horas de la noche”. Los fines de semana, a la salida del cine, se daba largada a un curioso paseo de características similares a un ritual de cortejo. Las mujeres y las parejas caminaban en el sentido de las agujas del reloj, mientras que los hombres lo hacían en sentido antihorario. Algunos atribuyen la desaparición de esta costumbre de los años 50 y 60, a unas obras de remodelación de la plaza que demoraron demasiado, pero para Vidal esa no parece explicación suficiente. De todos modos, la plaza se ha mantenido como el centro de reunión por excelencia de la ciudad y es por eso que ha sido escogida como sede de “Las Vigilias del Bicentenario”. La Joaquina los espera.

Leer breve entrevista con el profesor de Historia canario José “Pepe” Vidal.

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