Las Piedras festeja 200 años de la primera batalla entre las fuerzas artiguistas y España

La celebración del Bicentenario del Proceso de Emancipación Oriental se está llevando a cabo a lo largo y ancho del país. Sin embargo, este 18 de mayo la conmemoración de un nuevo aniversario de la Batalla de Las Piedras -enfrentamiento en el que las fuerzas revolucionarias lideradas por José Gervasio Artigas derrotaron a las tropas imperiales españolas- es la protagonista de todos los festejos. “Toda la ciudad evoca la batalla, absolutamente todo el tiempo. Los pedrenses están muy orgullosos de eso”, explicó la historiadora Ana Ribeiro, quien durante 42 años vivió en Las Piedras. Entrevistada por En Perspectiva, relató cómo viven estas fechas los vecinos de la zona, tanto los de ahora como los de 100 años atrás. “Los festejos que se hacen en torno a esta fecha son inmemoriales”, indicó.

EMILIANO COTELO: Hoy, todo el Uruguay está de festejo: en este 18 de mayo se cumplen 200 años de la Batalla de Las Piedras.

En todo el país, con mayor o menor intensidad, se llevarán a cabo distintos actos para conmemorar aquel acontecimiento fundamental en la historia de la emancipación del pueblo oriental.

Sin embargo, será aquí, en la ciudad de Las Piedras, departamento de Canelones, donde la fiesta se vivirá como en ningún otro punto del territorio. En realidad la celebración ya viene ocurriendo desde hace varios días, en especial desde el fin de semana pasado. Y esto no llama la atención. Aunque a muchos uruguayos pueda sorprenderles el fervor con que los pedrenses están encarando el bicentenario en este lugar, no podía ocurrir otra cosa. Aquí es una vieja tradición que el 18 de mayo, y en realidad todo el mes de mayo, genere un movimiento especial de evocación histórica y patriótica.

¿Cómo es eso? ¿Cómo lo celebran los pedrenses? ¿Cuánto los identifica este acontecimiento histórico? ¿Qué pasa en Las Piedras cada año cuando se acerca esta fecha? Vamos a charlarlo en los próximos minutos con alguien que ustedes conocen, la historiadora Ana Ribeiro, que también va a estar con nosotros después, en La Tertulia, pero que en esta parte del programa viene como locataria, como representante de la población del lugar.

ANA RIBEIRO: Muchas gracias por invitarme a mi pueblo, porque como me mudé y hace ya tres años que no vivo aquí estar un 18 de mayo es un placer renovado. Es una vieja costumbre de siempre, así que te agradezco la invitación porque ha sido un buen pretexto para venir a casa de vuelta.

EC – ¿Cuántos años has vivido en Las Piedras?

AR – Cuarenta y dos. No nací en Las Piedras, nací en Montevideo, pero me vine con 9 años.

EC – Y desde entonces hasta hace poco…

AR – ….Desde entonces [viví aquí] hasta hace tres años, o sea que es mucho tiempo.

EC – ¿Por qué esta asociación tan fuerte que existe tradicionalmente entre Las Piedras y el aniversario de la batalla?

AR – Porque este pueblo siente una cosa que está en un documento artiguista muy lindo. En pleno proceso revolucionario, en 1816, Las Piedras tenía su capilla bastante maltrecha y rota. Entonces, le piden a Artigas que los ayude y les dé algo de dinero. Artigas no tiene mucho en las arcas, pero escribe una carta diciendo que les envíen 500 patacones y habla de la “gloria inmarcesible”, una palabra que ya no usamos, una gloria tan grande que no hay marco que se le pueda poner. Dice, más o menos textualmente, porque cito de memoria: “La gloria inmarcesible de ese pueblo es inmensa. No hay que olvidar que la patria dio allí sus primeros pasos”.

[“Por la presente sólo tengo que anunciar a ustedes que la Capilla de Las Piedras necesita especial patrocinio tanto por su actual indigencia cuanto por merecer una decidida recomendación en razón de haberse estampado en ese pueblo los primeros pasos, que harán inmarcesible nuestra gloria”].

Es un documento precioso y la gente, sin leer el documento –no lo precisa–, desde que nació en este lugar, siente que aquí la cosa importante que pasó fue la Batalla de Las Piedras. Toda la ciudad está señalizada con ella. Si tú miras, en esta ciudad hay una memoria urbana muy fuerte de lo que fue la batalla. El lugar de paseo de todos los pedrenses es ese sitio desde el cual acaba de hablar Rosario, el obelisco. ¿Qué marca el obelisco? Ese monumento, con una victoria alada en la punta, que hizo el escultor Ferrer –que es una victoria indígena además, tiene rasgos indígenas, tiene un carcaj indio, tiene un arco, una flecha–, es el lugar más alto de la batalla.

Desde hace unos años a esta parte, el parque que hay alrededor tiene, entre otras cosas, el mausoleo que guarda los restos de Ledesma, el soldado artiguista. No Ansina, como se había dicho por error en algún medio de prensa. Y el sitio donde los pedrenses van a pasear es ese.

¿Cómo se llama la avenida principal? Artigas. ¿Qué hay en la esquina de Artigas y General Flores? Una placa que recuerda que allí estaba la capilla y allí se rindió Posadas. Toda la ciudad evoca la batalla, absolutamente todo el tiempo. Los pedrenses están muy orgullosos de eso. Así que los festejos que se hacen en torno a esta fecha son inmemoriales.

EC – En esta ocasión, además de celebrarse los 200 años de la batalla, se están celebrando los 100 años del desfile en recuerdo de la batalla.

AR – Claro, que comenzaron en 1911, con un festejo muy especial que tuvo como epicentro este club en el que estamos.

EC – Contanos un poco a propósito de este lugar.

AR – Este es el sitio en donde los pedrenses aprenden a nadar, es la única pileta cerrada que hay en la ciudad. Hay una de la intendencia pero es abierta. El Club Solís es un club deportivo tan tradicional para la ciudad como su propio obelisco. Y en esta institución deportiva, en este enorme salón en el que estamos, que está dividido en dos por esa cortina y esa mampara…

EC – …Sí, porque del otro lado hay canchas, y sigue.

AR – …Pero si tu sacas esta división provisoria este salón es muy grande. En este salón se hacían tradicionalmente todos los bailes importantes de la ciudad. No había otro sitio más grande para hacerlo, no había un salón de festejos como hay ahora en las afueras y en otros sitios. La fiesta se ha instalado como un ritual de una sociedad bastante más rica que en el pasado, entonces los salones de fiesta proliferan. Antes no, y este era el más tradicional. Entonces ser miembro de este club era ser parte de cierta elite de la ciudad. Los jóvenes de las familias más acomodadas y más antiguas de la ciudad tenían como ritual pararse allí, en esa antesala desde la cual se entra, a ver pasar las chicas y por supuesto piropearlas. Así que las más tímidas cruzaban la vereda porque les daba vergüenza pasar por la vereda del Solís. Cuando salían de hacer deportes, bañaditos y perfumados, los jóvenes se paraban allí, esa era la elite que elegía las chicas al pasar.

Y por supuesto, a partir de 1911 el baile de la noche del 18 de mayo pasó a ser un clásico del pueblo. Porque en ese baile se esperaba siempre al presidente de la República y al Gobierno, a las personalidades más importantes.

EC – ¿Venían todos los años las más altas autoridades?

AR – Sí, en 1911 hubo una falta importante: el presidente José Batlle y Ordóñez no vino, se lo esperó y no vino. El antiartiguismo de Batlle era bastante notorio y ese día se notó. Hubo pretextos, había huelga de tranvías, había una situación conflictiva a nivel social… Quizás el presidente estaba atendiendo esas cosas, pero se le quedó esperando en Las Piedras.

Pero era tradicional que vinieran, y yo llegué a ver señoras muy viejitas que evocaban sus bailes de cuando eran jóvenes y que guardaban sus libretas de baile, en donde anotaban que habían bailado la primera pieza con fulano, la segunda con…

EC – …¿Se llevaba ese registro?

AR – Sí, con unas libretitas de baile. Yo tengo una que heredé de alguien, de plata, con una especie de aro en el costado para poner el lápiz, se colgaba con una pulserita, casi como una joya. Entonces la dama bailaba, venía alguien que le volvía a pedir un baile y ella anotaba “el tercer baile me toca con fulanito”. Y para la que podía decir que en el quinto baile había bailado con el presidente era como una fiesta.

EC – Así que el presidente, además de participar en actos oficiales, protocolares, se hacía presente en el baile.

AR – Y si no venía el presidente venían ministros, venía la gente más importante.

EC – ¿Hasta cuándo existió esa costumbre?

AR – Yo te diría que hasta la década del 50. Ya en el 60 empezaron a menguar muy notoriamente, y luego ya se convirtió en otra cosa. No sé si se siguen realizando ahora, pero durante toda la década del 90 aquí se llevaron a cabo bailes importantes. Ahora está bastante en competencia con otros sitios.

EC – Entonces tenemos la tradición del desfile militar, tenemos la tradición de los bailes, ahora ya no tan fuerte, pero igualmente todo el mes es de celebración. ¿Ustedes hablan de “Fiestas Mayas” acá?

AR – Sí, se llaman así, es un título que se ha reflotado bastante en los últimos tiempos. La expresión Fiestas Mayas viene de la Revolución de Mayo, marca la connotación de la Revolución Oriental como un derivado o como algo que nace enlazado, de cuna rioplatense, con la Revolución de Mayo. El relato de la nación, que es fuertemente nacionalista y que trata de hacer ver como que la revolución oriental es producto pura y exclusivamente de los orientales y de Artigas, y así olvidar un poco esa dependencia político-militar bajo cuyo signo nace, luego va diluyendo esas características. Pero aquí se nace bajo el signo rioplatense. El nombre Fiestas Mayas evoca además la primera vez que se hicieron en suelo oriental, que fue en el año 1816, en Montevideo. Y se llamaron así porque, según dijo pícaramente Artigas, “en realidad nosotros lo hacemos por el 18 de mayo, pero se nos atrasaron los festejos y cayeron el 25”. El 25 de mayo es la fecha en la cual la Junta de Buenos Aires y el Gobierno porteño lo festejaban.

Pero hay otra fiesta más importante que estas dos que acabamos de mencionar –la tradición del baile del Club Solís y la del desfile militar en la tarde– y es más pedrense que las otras: el desfile matutino de los escolares y liceales…

EC – …Este que vamos a presenciar dentro de un ratito acá, por la avenida Artigas, frente al club y a la plaza.

AR – Exacto, porque en la tarde siempre viene mucha gente. En la época de los ferrocarriles bajaban uno tras otro y de los vagones salía cantidad de gente de Montevideo que venía a ver el desfile militar. Pero en la mañana somos los pedrenses solos con nosotros mismos, desfilamos para nosotros, desfilamos para ver a nuestros niños, vienen los padres. Es ese espectáculo tan lindo que acabas de ver, todos los niños con sus túnicas impecables y con la moña bien planchada…

EC – …Sí, están pasando, yendo al lugar de concentración.

AR – Es una fiesta helada, todos nos morimos de frío durante horas, allá en el parque, porque en mayo el viento sopla fatal, los abanderados luchan con la bandera, a los más chiquitos les cuesta llevarla, pero cada liceo saca lo mejor de sí.

Y en los barrios de las afueras de Las Piedras también. Las Piedras es una ciudad muy horizontal, muy extendida. Anteayer vinimos aquí en un congreso de historiadores y yo, como guía local, le contaba cosas a Gerardo Caetano, que quedó muy asombrado cuando le dije que Las Piedras tenía 100.000 habitantes. El censo dice 80.000 pero hay un anillo periférico, que oscila entre Progreso y Las Piedras, que se calcula –lo saben desde las sociedades médicas que hacen una evaluación de población hasta la intendencia– ronda los 100.000 habitantes. En esos barrios también se manda a desfilar al centro.

Yo viví mucho tiempo en uno de los barrios más alejados del centro de Las Piedras, donde había un colegio que se llamaba Fátima. Y ese colegio, que era de monjas, se mataba durante meses para poder lucirse el día del desfile. Porque el liceo o la escuela que se luce es el que luego –para decirlo con un término muy adolescente– rankea mejor el día que va a convocar a los padres. Entonces, el colegio que muestra lo mejor de sí luego tiene más posibilidades de que la gente lo elija como opción educativa. Así que ese colegio de Fátima sacaba a los niños, desde marzo hasta mayo, todas las semanas, por todo el barrio, ensayando el desfile y el repiqueteo de los tambores. Así que tu estabas meses escuchando el “tran-tan-tan” mientras los niños del colegio Fátima desfilaban.

Y todos se preparan, todos preparan absolutamente todo para ese día. Para nosotros es entrañable ver a nuestros niños desfilar, a nuestros adolescentes. Claro, los adolescentes protestan, no quieren, les da frío, les da sueño. Yo era una de las que protestaba y no quería venir. Luego, cuando pasa el tiempo y llegás a esta edad provecta, ese día te invita Emiliano Cotelo para que vengas a tu pueblo y te entra una ternura, recuerdas tus años de desfile como las cosas más lindas que te pasaron.

EC – Para terminar, ¿es cierto que acá en Las Piedras la gente se compraba especialmente ropa para estas fechas?

AR – Sí, esas señoras mayores que te comentaba hace un rato, a las que les escuché contar muchísimas cosas, se compraban ropa y zapatos. Era imprescindible comprarse zapatos nuevos para ese día, era un especie de tradición, y también grandes sacos y tapados de piel. Porque además la gente venía desde donde fuera, desde casas quintas en las afueras, que ahora ya han quedado dentro del pueblo porque el pueblo se ha extendido. Venían impecables, porque era el día para ver y dejarse ver, entonces todos venían muy engalanados, era un día de fiesta. Además había unos confites muy especiales, que se sabía se vendían solamente ese día, por ejemplo ciertos dulces que se vendían en la esquina de la plaza. Todas esas tradiciones la gente las recordaba muy bien, gente añosa de Las Piedras que lo contaba.

Fuente: Espectador.com.uy