Un año de bicentenario

Por cumplirse el bicentenario de la gesta emancipadora, Uruguay tuvo un año de festejos. Su celebración mayor fue el 10 de octubre, cuando 22 bandas de música, nacionales e internacionales, ocuparon los cuatro escenarios en distintos puntos del centro de la ciudad. 300 mil personas asistieron al evento que contó con la presencia de bandas tan dispares como Los Olimareños, Bajo Fondo, Rumbo, Dani Umpi y Gilberto Gil.

Los miles de uruguayos que participaron de los festejos por el Bicentenario se llevaron cientos de imágenes y mucha música a sus casas. Hubo de todo en un clima de alegría casi sin incidentes.

De tarde temprano en la Intendencia la fiesta agarró calor con el espectáculo de cumbia liderado por el Fata Delgado y clásicos como “Azuquita pal café”. Unas horas después, Dani Umpi se comprometió con la ocasión al tocar en el escenario de Plaza Libertad. Los colores celestes no escasearon en su show y para las últimas canciones se quitó el atuendo hecho de cajas de cartón con fotos y quedó de vestido celeste con el número 23 impreso en el pecho. En el escenario, una fiesta a calzas fluor, coristas de la tercera edad tocando los samplers, bebé y pichón, tiradores sin remera abajo, papelitos de colores y canciones al ritmo de “¡saltando!”. Aunque eran las 18:30, los espectadores cantaban y bailaban compenetrados, desde los niños hasta los más veteranos.

A seis cuadras, en el escenario de Libertador parecía otro día, otro lugar, a otra hora. La Vela Puerca quemó hits hasta arrasar con las gargantas de las miles de personas que acompañaban cada verso a los gritos. El aroma adolescente se hacía presente y no dejaba –al menos en los cincuenta metros más cercanos al escenario– lugar para los adultos. Luego El Cuarteto de Nos fue recibido al son de “los milicos son/ todos putos” cuando sus integrantes subieron al escenario. Los jóvenes que habían dejado todo durante el show de La Vela Puerca no se mostraron cansados y cantaron cada tema de esta banda que hace 14 años tuvo un juicio penal desde el Ministerio de Cultura por haber blasfemado al prócer en el tema “El día que Artigas se Emborrachó”.

Mientras en el escenario de la Plaza Libertad, la fiesta desmedida que había generado Dani Umpi parecía haberse ido con él, para dar paso a un ambiente tranquilo y pacífico que se conmovía con las leras de Daniel Viglietti. El escenario tapizado de telas de terciopelo rojo y las luces de colores que decoraban finamente 18 de julio alrededor del monumento a la Libertad, daban la sensación de estar en un lugar clásico, delicado y romántico.

Mientras tanto, Jorge Drexler hacía probablemente uno de los shows más concurridos de su historia, con pantallas gigantes que extendían a la audiencia por 18 de Julio, desde Barrios Amorín hasta Yaguarón. Sin dudas este era el escenario familiar. Padres con niños al hombro, niños corriendo y jugando con la bandera de Uruguay. Drexler de traje y corbata se despidió diciendo “Feliz cumpleaños Uruguay”.

Minutos más tarde, el grupo Rumbo se reunió, luego de 25 años de separación, y empezó su recital con el tema “Para abrir la noche”. No faltaron los gritos emocionados ni los celulares filmando ese momento esperado.

La Fura dels Baus

Ni una persona más cabía en el área de la Plaza Independencia, que adelantaba un espectáculo de dimensiones nunca vistas en Uruguay, con la presencia de la muñeca de ocho metros sentada al lado de la Torre Ejecutiva. Dos horas antes, los argentinos de Choque Urbano habían asombrado a quienes, en su mayoría, estaban allí para guardarse un lugar “para cuando viniera La Fura”. Música electrónica análoga hecha con tachos de chapa, caños de plástico y palos de madera hicieron bailar a unos y llenaron de curiosidad a otros.

Con una hora de retraso, el espectáculo de La Fura no impresionó a muchos y decepcionó a otros. El megashow catalán fue adaptado a la cultura uruguaya de hace 200 años y de ahora. Fue así que en un momento, la payadora –que se encargaba de abrir cada capítulo- apareció colgada de una bola gigante, a la altura del techo del Edificio Artigas (ex Casa de Gobierno), payando codo a codo con un español vía satélite, cuya cara se proyectaba en la bola y su copla, en español de España, salía por los parlantes que rodeaban la plaza. Lo viejo y lo nuevo del Uruguay se mezcló a la manera de La Fura dels Baus.

Una pareja bailó tango a decenas de metros de altura, colgada de arneses sobre las paredes de la Torre Ejecutiva, mientras Mónica Navarro brindaba una versión de La Cumparsita con toda la impronta Bajofondo.

Decenas de acróbatas cautivaban desde la altura, la muñeca gigante se paseó por uno de los lados de la plaza bailando el candombe que tocaba la cuerda de tambores de Elumbé.

Para cerrar, los fuegos artificiales se hicieron desear ya que la idea original era que se tirarían desde dos edificios que rodean la plaza, uno de cada lado pero, por razones de seguridad, el día anterior a la fiesta debieron cambiar el lugar desde donde se lanzaban, y la mitad de las luces estaban tapadas por la Torre Ejecutiva.

En televisión, las imágenes aéreas brindaban una Montevideo iluminada por los fuegos artificiales y vestida de gala por su gente que vivió un día de fiesta.

Fuente: 180.com.uy.