Volverá la alegría

La reunión de Rumbo según Mauricio Ubal. Diga que uno lo conoce a Mauricio Ubal desde que era un sub 20, que si no casi daría para preocuparse. No parece él. Nunca lo vi tan sonriente, tan emocionado, y sobre todo, tan conversador. La reunión de Rumbo, claro. La ocasión de demostrar que se le puede hacer una linda trampa compartida al tiempo y sentirse como entonces. Aun con el peso de 25 años de vida vivida desde la última vez que Mauricio, Laura Canoura, Miguel López, Carlos Vicente, Gonzalo Moreira y Gustavo Ripa se subieron juntos a un escenario.

Charlamos largo y tendido del impensado presente de Rumbo y, por cierto, de su glorioso pasado. Me mostró un delicioso video de uno de los ensayos de hoy, donde se los ve potentes, afinados, vigentes, tan buenos músicos como siempre, y además sonrientes, emocionados, hermanados.

Vuelve el grupo emblemático. La maquinita generadora de canciones inmensas como “Para abrir la noche”, “Balada de hoy mismo”, “Lugar de mí”, “La bagayera”, “Ya no quedan centrojás”, “Al fondo de la red”, “Zumbaé” y, claro, “A redoblar”.

—¿Cómo nace la idea del reencuentro?

—La idea fue de Miguel López, allá por la Navidad pasada. Nos llamó uno por uno y varios de nosotros le achacamos la idea a la Navidad y a algún trago de más. Pero luego, inequívocamente sobrio, siguió insistiendo. Nos juntamos entonces a partir de febrero, viendo si valía la pena, si estábamos con ganas, de acuerdo al encare de cada vida, de cada carrera. Había un viento a favor, y nadie estaba en principio en desacuerdo. Hacía mucho que no nos veíamos entre algunos de nosotros. Los seis juntos nos habíamos visto por última vez en 2003 a raíz de la salida de la caja con todas las grabaciones del grupo. En ese entonces hubo un amague de hacer algo pero quedó por esa. Ahora, cuando estábamos ya en conversaciones, aparece una propuesta de la Comisión del Bicentenario y entonces los plazos se nos acortaron mucho, ya que, básicamente por razones de calendario, habíamos dejado la cosa para el año que viene. La fecha es entonces el 10 de octubre, en un espectáculo enorme al aire libre, con entrada gratuita y con otra gente que también va a tocar allí.

—¿Y después qué va a ocurrir?

—Después ya estamos viendo dónde y cuándo, y aún no lo sabemos. Pero la idea es hacer algo más, mostrando todo el repertorio más adelante. Rumbo tenía un repertorio muy ecléctico, con temas muy para arriba y otros muy chiquitos, baladísticos, y en ese espectáculo masivo y abierto no vamos a poder mostrar todo.

—¿Como antes, ustedes seis, o con una banda de apoyo? Algo que sería la primera vez para Rumbo.

—Banda de apoyo, definitivamente. Laura y yo, por ejemplo, que hemos seguido siempre tocando los temas de esa época, nos hemos acostumbrado a un sonido más completo y potente que lo que hacíamos en Rumbo. Nosotros nos dedicaremos a las guitarras y a cantar.

—¿Los viejos temas o también alguna cosa nueva? ¿No te ha motivado a escribir algo nuevo esta reunión?

—La dinámica ha sido tan de locos desde que quedamos en reunirnos que no he tenido ni el tiempo ni la paz para escribir algo, pero claro que no lo descarto.

—¿Cómo ha sido el clima en los ensayos?

—Algo muy emotivo, muy afectivo. Lo musical, todo bien. Pero por encima de lo musical, lo bueno fue ver en qué estábamos como personas y esa parte, la de los afectos, ha primado sobre cualquier evaluación musical. Y ese afecto hacía veinticinco años que no lo sentíamos.

—¿Cuál fue la última actuación de Rumbo como grupo?

—Quien lo recordaba bien era Miguel López, el memorioso del grupo. Fue en Paysandú, en el marco de la Semana de la Cerveza de 1986. Pero luego de Rumbo miles de veces tocamos acompañándonos entre nosotros, en diversos proyectos. Por ejemplo, a poco de disuelto Rumbo, estuvimos Laura, Ripa y yo con Esteban Klisich en el espectáculo llamado Un suponer. Gustavo Ripa siguió tocando con Laura y, claro, Gonzalo Moreira tocó conmigo durante todos estos años miles de veces. Carlos Vicente y Miguel López dejaron de lado lo artístico y por allí nos vimos menos. Hoy los temas suenan más “lentones”, sacándole el apuro a muchas canciones, corregimos algún registro vocal porque las voces han variado, pero todo súper emocionante.

—¿Se plantea algún dvd, algún disco en vivo?

—Tenemos idea de que esto no quede solamente en la presentación, pero todavía no puedo decirte en concreto qué queremos hacer. Está la parte de producción, que todavía no la hemos encarado, más allá del shock emocional. En ese sentido Alfonso Carbone nos está dando tremenda mano, porque todos seguimos, pese a Rumbo, en nuestras actividades de siempre.

—¿De algún modo Rumbo se insertó en una movida que arrancó a fines de los setenta con Nosotros Tres y Los que Iban Cantando, por ejemplo?

—Fue consecuencia directa de Los que Iban Cantando, sin duda, ya que Laura, Carlitos, Miguel y yo éramos alumnos del Choncho Lazaroff. La idea de tocar juntos nació en las fiestas de fin de año que se hacían en el Nemus, conservatorio fundado por el flaco Viglietti, donde enseñaba gente tan valiosa como el pianista Miguel Marozzi. De allí surge la idea de hacer un grupo. Nos dimos cuenta de que nos faltaba percusión y también un guitarrista de peso, y entonces aparecen Gonzalo y Gustavo que estaban en Canciones para No Dormir la Siesta.

—¿Fue realmente, una unión de solistas que terminan siendo un grupo?

—Sí, igual que pasó con Los que Iban Cantando, pero con una gran diferencia: ellos siguieron con su actividad y sus discos solistas y nosotros, una vez que se armó Rumbo, nos dedicamos por entero al grupo. Yo, por ejemplo, estuve componiendo canciones durante cinco años exclusivamente para Rumbo. Allí puse toda mi energía. Nosotros empezamos desde el pique con la murga canción, algo que aquí nadie hacía. Claro, Jaime (Roos) lo hacía en ese momento grabando en Francia en temas como “Retirada”, y antes aun en “Cometa de la farola”, pero aquí la canción murguera no la hacía nadie.

—La piedra fundacional de eso creo que fue “Todos detrás de Momo” de Los Olimareños.

—La piedra fundacional fueron Los Olimareños, Ruben Lena y José Carbajal en mi opinión. Luego hay un disloque grande, dictadura de por medio, y el que retoma el pulso murguero fue Jaime y en alguna medida también Pájaro Canzani y su grupo Aguaragua en temas como “Y aquí no amanece nada”. Nosotros retomamos eso y ya en nuestras canciones tempranas aparece un criterio de murga de cámara haciendo “Para abrir la noche”, “Viejo tablado” y “A redoblar”. Eso de subirse al escenario y cantar como una murga de cámara empezó con nosotros. A la murga la inteliguentsia uruguaya no le daba mucha bola…

—La murga estaba considerada como algo “berreta”, digámoslo.

—Tal cual. Hoy, con la murga sonando en todos lados, es muy difícil entender lo que era cantar murgas en aquel entonces.

—¿Les sorprendió el éxito del primer recital importante que hicieron en 1979 en el teatro Circular junto a Rubén Olivera?

—Fue algo muy fuerte. Nos habíamos juntado en junio y ya en octubre empezó la carrera de tocar en todos lados, las notas de prensa, la repercusión de ciertas canciones, todo eso.

—Creo que fueron pioneros también en la utilización de las guitarras con cuerdas de náilon armonizadas, algo muy inusual fuera del ámbito estrictamente folclorístico. También fueron pioneros en lo que hacen hoy Ricacosa y otros grupos. Yo los vi en el teatro Circular entonces, cuando hacían el emocionante arreglo a cuatro guitarras de “P’a que se marque”, una bellísima música de Romildo Risso, cantada por Carlitos Vicente.

—Todos tocábamos guitarras con cuerdas de náilon y siempre sentimos lo foclórico. Eso fue algo absolutamente buscado. Hicimos varios temas en ese plan.

—Sorprendió también que ya en ese primer recital, y en 1980 con el primer disco, apareciera un tipo medio venido de Marte, como vos, a quien no conocía nadie, y que se despachara con una gran producción de bellísimas canciones. ¿Cómo hiciste para ser un músico tan maduro aun recién empezando?

—Tuve amigos como Eduardo Rivero (risas) que me enseñaron a escuchar buenas cosas. Es cierto, venía de otro planeta, de Punta de Rieles a trabajar en Manzanares, con mi bicicleta a cuestas. El contacto contigo –lo digo siempre– me abrió muchísimo la cabeza. Aprendí a escuchar un montón de músicas y fui contigo nada menos que a ver a Darnauchans en el estudio Sondor grabando Sansueña el día en que cantó “Décimas de la paloma”…

—¿Cómo olvidar aquello? Repito: para ser un compositor nuevo era increíble la cantidad de buenas canciones tuyas.

—Un período muy rico, de mucha energía, donde había juventud, y tiempo para escribir y escribir. Hoy en día no sé si el querer hacer cosas nuevas y personales vale lo que valía antes, ya que hoy mucha gente quiere hacer cosas “como fulano” y “sonar lo más parecido a mengano”.

—En esos años aparecen Ubal, Galemire, Fernando Cabrera, Rubén Olivera, Leo Maslíah…

—Y Los que Iban Cantando, juntos y solos… Había como una necesidad –en el buen sentido– de “no ser menos” que esa gente. Esa cosa bien sana de colgarse de ese clima creativo, con la tapa de la dictadura encima, y a pesar de ella.

—Que las letras no pudieran ser todo lo explícitas que uno quería al final operó como un disparador de la creatividad.

—Te rompías el alma para decir las cosas de un modo no obvio.

—¿Por qué “A redoblar” fue “A redoblar”?

—Un misterio. Fue parida como tantas otras canciones. Pero algo pasó con esa. Lo que conté en la película Hit es rigurosamente cierto: me puse a llorar cuando la escuché terminada. Y eso que te va por dentro no te pasa con todas las canciones. Es una canción bien armada, bien estructurada, muy pulida por Rubén y por mí. Tenía otros versos inicialmente, que fueron censurados por algunos amigos, y lo bien que hicieron. Miguel Marozzi, que nos escuchaba y nos corregía, tuvo un papel muy importante con sus consejos en el resultado final de “A rerdoblar”. Y además el momento; no lo sabíamos pero era la canción que la gente estaba esperando.

—Laura Canoura era otro elemento original. Una voz “para afuera”, pura garra, bien diferente a las susurrantes cantantes uruguayas de entonces como Vera Sienra, Diane Denoir, Cecilia Pratto, Silvia Mayer.

Rumbo, visto de lejos con el paso del tiempo, tuvo dos o tres cosas esenciales para su popularidad. El trabajo vocal, la conjunción tipo “murga de cámara”, las canciones que por suerte funcionaron muy bien dentro del grupo y con la gente, y sin duda, contar con Laura. Pese a estar en un grupo con cinco varones, y al notorio criterio grupal, su voz brillaba con luz propia. El otro día escuché la versión de aquel entonces de “Montilla”, y es increíble.

—Otro elemento que arrancó en Rumbo es la canción de temática futbolística. Las canciones glorificando la celeste venían en general del Carnaval, pero en Rumbo aparecieron las canciones futbolísticas décadas antes del cuarto puesto en Sudáfrica y la Copa América, antes de Forlán, Suárez y Cavani… “Ya no quedan centrojás”, “Orsai”, y la más clásica de todas, “Al fondo de la red”.

—Es curioso porque el fútbol uruguayo era un desastre entonces. Lo cierto es que éramos muy futboleros. Miguel López, por ejemplo, se acuerda de todas las formaciones de Nacional desde el 60 hasta ahora.

—¿Las formaciones de Peñarol en la época de Morena no las recuerda?

—Esas seguro que no… Yo siempre jugué al fútbol y conocía el lenguaje, las metáforas del ámbito futbolero. Venía de un barrio futbolero como Punta de Rieles y me pasé la niñez formando cuadros de fútbol.

—Y cuando editaste un libro de letras y poemas le pusiste La línea torcida del óbol.

—Precisamente. Hasta llegar al disco Once canciones en el área de temática futbolística junto a la Contrafarsa.

—Hasta Gonzalo Moreira sacó un disco futbolero.

—Sí, sí, es lo mismo. Totalmente.

—¿Cómo surgió el diálogo entre marido y mujer de Miguel López y Laura en “Al fondo de la red”?

—Cuando debía venir el solo instrumental aparecen Laura y Miguel conversando como si estuvieran en la tribuna. No tuvo ningún libreto, fue totalmente improvisado entre ellos, así, “al toque”.

—Los discos Sosteniendo la pared y Otro tiempo tienen una instrumentación mucho más electrónica, que en mi opinión tiene que ver con lo que entonces hacían Fernando Cabrera con Baldío o Jorge Galemire en discos como Segundos afuera.

—Sí, ese entorno nos condicionó, pero también el querer entrar en otro tipo de universo sonoro, ya que veníamos de un primer disco muy acústico. Yo creo que esa veta más eléctrica no fue nuestra mejor veta. Por eso hoy, en el reencuentro, tendremos una banda de apoyo que toque “bien-bien” en esa onda.

—¿Qué quedó musicalmente, no políticamente, del llamado “cantopopu” que Rumbo también integró, un movimiento donde en realidad había de todo un poco?

—Quedaron algunos nombres esenciales como Larbanois-Carrero, pero a no olvidar que por allí también estaba Fernando Cabrera. Yo sigo haciendo mis canciones del mismo modo en que las hacía entonces.

—Se luchaba contra la dictadura. ¿Hoy contra qué se lucha?

—Te puedo decir contra qué lucho yo. Es la era de la información. Hay una ventana abierta inmensa, y lucho, por ejemplo, para que las letras sigan teniendo un sentido, cosa que de algún modo hoy no tiene el peso que tuvo en su momento. Hoy pesa más el sonido, la forma de tocar. Pero creo que son cosas cíclicas. Cada tanto aparecerá un compositor que va a marcar una línea donde las letras vuelvan a pesar. Claro, extraño a gente que escriba de determinada manera. Lucho por no perderme en esta correntada donde pesan otras cosas y peleo por seguir haciendo buenas letras. Hay una mirada distinta, con una suerte de destrato de los textos. Peleo también contra la mediocridad generalizada que impone, por ejemplo, la televisión basura, que genera códigos contrarios a la auténtica creación artística.

—¿Cómo se hace una buena canción?

—No hay una receta. Creo que lo mejor para hacer una buena canción es no tratar de hacer una buena canción. Lo mejor, en tal caso, es hacer canciones necesarias.

—“Todo tiempo pasado fue mejor” es una frase que puede ser muy reaccionaria. Teniendo la edad que tenemos, sin embargo, es muy fácil lamentar que no aparezca otra “El loco Antonio” de Zitarrosa, otra “La mama vieja” de Mateo, otra “Biromes y servilletas” de Maslíah…

—Estamos en un período de transición, de crisis, tanto tecnológica como artística. Pero sigo creyendo que siempre habrá gente capaz de generar grandes cosas a pesar de todos los pesares.

Fuente: Brecha.com.uy