“Lejos del ruido de las armas”

Breve entrevista con el profesor de Historia canario José “Pepe” Vidal

¿Cómo fue el proceso fundacional de la actual ciudad de Canelones?

El proceso de asentamiento de la población en Canelones se inicia hacia 1759 con el afincamiento del estanciero Santos Pérez y Llamac, indio natural de Cuzco que en el casco de la estancia, situado en donde ahora es el norte de la planta urbana, construyó un oratorio dedicado a la veneración de la Virgen de Guadalupe. Fue fundamental la llegada en 1776 del primer párroco, Juan Miguel Laguna, porque por su empeño en el plazo de dos años ya se había construido capilla a un lado de la plaza que hasta hoy es la principal (Plaza 18 de Julio). Laguna fomentó el poblamiento. Por ejemplo, a su pedido vinieron a la población 14 familias de las destinadas desde España al frustrado “Operativo Patagonia”.

En l782 se realizó la fundación oficial encargada por el virrey Sobremonte a Eusebio Vidal que procedió al reparto de solares y chacras, a la elección del primer cabildo y a solicitar a los vecinos que dieran nombre a la población y ellos optaron por Villa Ntra. Sra. de Guadalupe. El mismo Vidal fue encargado de la fundación de San Juan Bautista (Santa Lucía).

¿Qué estaba ocurriendo en ese lugar hacia 1811, al inicio del proceso de emancipación oriental?

En la rendición de Las Piedras, Posadas entrega su espada a Artigas a través de Valentín Gómez, párroco de Canelones. Este acto aparece representado en el conocido óleo de Juan Luis Blanes. Durante el Éxodo, que para los paisanos significó la “redota” porque la Banda Oriental volvía a manos de los “godos”, los soldados artiguistas debieron marchar con sus familias ya que dejarlas en la Villa era exponerlas a cualquier barbarie.

El hecho más significativo para Guadalupe durante el ciclo artiguista, fue la instalación del primer gobierno patrio en l8l3. De acuerdo con la propuesta del Jefe de los Orientales en su discurso inaugural del Congreso de Abril en Tres Cruces, se creó un gobierno provincial que se instaló en Canelones porque estaba “lejos del ruido de las armas”, es decir, del sitio de Montevideo. Fue un organismo pluripersonal que se propuso una vasta obra de reconstrucción, aunque su existencia fue de pocos meses. Cada 5 de mayo se realiza un acto en la plaza recordando al Gobierno Económico. Sus integrantes estuvieron alojados en tres viviendas situadas alrededor de la plaza. La más importante era un buena casa de azotea que pertenecía a Ambrosio Velazco, en ese momento emigrado del pueblo, y que estaba ubicada donde hoy está el edificio de la Jefatura de Policía.

En 1815, el padre Dámaso A. Larrañaga pasa por Guadalupe y la describe en su Diario de viaje de Montevideo a Paysandú. Dice que es uno de los mejores pueblos de la campaña y señala que ha prosperado debido a que habitantes de los alrededores del Montevideo sitiado han buscado refugio en Canelones a donde han acarreado puertas, ventanas, rejas y otros materiales de construcción. Sin embargo, las numerosas pulperías eran lugares de ingesta de alcohol que las convertía en antros de violentas reyertas. En época artiguista se colocó la piedra fundamental del “templo nuevo” que en el correr del s. XIX se transformó en el edificio de la actual Catedral.

¿Cuál es la historia de la Plaza 18 de Julio, dónde el próximo 22 de octubre tendrá lugar “la vigilia” de esa ciudad?

Durante la modernización de las últimas décadas del XIX, la plaza tuvo un importante desarrollo edilicio dentro del que puede señalarse la construcción del edificio de la Jefatura y las obras en la iglesia que le dieron el aspecto externo que tiene hasta hoy.

De la época batllista ha quedado el edificio del Banco República. Durante el período terrista se erigió el Monumento a la Bandera. Es una figura femenina creada en los cánones del neoclasicismo de inspiración greco-latina, obra del escultor Juan D´Aniello. Como en la base de granito hay un medallón con la efigie de Joaquín Suárez, el humor popular la bautizó como “La Joaquina”. Según la tradición oral su realización estuvo rodeada de polémica hasta el punto de que no hubo ceremonia de inauguración. Pero el paso de las décadas la han convertido en auténtico emblema de la ciudad. Con este monumento se quiso conmemorar otro acontecimiento histórico. En 1828 se firmó la Convención Preliminar de Paz entre las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil. En este documento se resolvió que nuestro territorio fuera Estado independiente, que se nombrara un Gobernador Provisorio y que se eligiera una Asamblea Constituyente. Cuando esta Asamblea estaba reunida en Canelones, el Gobernador sustituto, Joaquín Suárez, planteó la necesidad de crear un pabellón nacional ya que dada la condición de Estado soberano no se podía seguir usando la bandera argentina. Esa primera bandera nacional constaba de 9 franjas azul celeste sobre campo blanco y con un sol sobre el ángulo superior del lado del asta. Cada franja representaba a los nueve departamentos existentes en aquel momento. Poco después se dispuso el diseño actual. En estos últimos años cada 18 de diciembre se recuerda la creación de la Bandera Nacional bailando un pericón en el que participan grupos de todo el país.

La próspera Suiza de América nos dejó sobre la plaza el edificio de la Intendencia Municipal. En torno a la plaza también florecieron el Centro Comercial y el Club Social. Las décadas del 50 y del 60 fueron las de “días de cine”. Canelones tuvo cuatro salas: el Politeama, el Lumiere, el Rodó y el Parroquial. Había hasta tres funciones: matinée, “vermú” y noche. Obvio que de tantas horas se salía con la vista irritada y la cabeza llena de fantasías. En la programación del Rodó predominaba el cine hablado en español, fue la época de oro del cine argentino. En las otras salas se daban films que no gustaban a cierto público porque eran “películas de leer”, es decir, subtituladas en castellano. Quedó grabada a fuego en la nostalgia de los veteranos las vueltas a la plaza en las primeras horas de la noche. Las mujeres y las parejas en el sentido de las agujas del reloj y los hombres en sentido antihorario. Algunos atribuyen la desaparición de esta costumbre a unas obras de remodelación de la plaza que demoraron demasiado, pero esta no parece explicación suficiente.

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