“…patrimonio urbanistico, industrial y afectivo…”

Breve entrevista con Antonio Pereyra, integrante de la Comisión Permanente de Peñarol (creada para la protección del patrimonio edilicio y urbanístico del Casco Histórico).

¿Cómo fue el proceso de asentamiento de la población en el Barrio Peñarol?

El primer poblador oficial de la zona fue Juan Bautista Crosa, nacido en Pinerolo (región del Piamonte) en 1730. A los 21 años se radica en España, donde se alista como soldado en el batallón Mallorca. Allí conoce a Francisca Pérez Bracamán con quien contrae enlace. Ocho años después, deciden viajar a la Banda Oriental.

Se maneja como fecha de llegada julio de 1765. Lo cierto es que en 1769 figura como labrador en el padrón Aldecoa, y en 1772 fue censado como pulpero. Ese comercio sería el centro de toda la actividad social de la comarca, Crosa siempre hacía referencia a su pueblo de origen, y esto promovió la repetición y consecuente deformación del vocablo Pignerolo (dialecto piamontés) en Peñarol.

El actual Peñarol Viejo fue el lugar donde se afincaron los primeros vecinos, apellidos que se emparentan con nuestra historia como: Piedracueva, Larrobla, Rivera, Colman, Casavalle y hasta el propio Artigas tuvieron sus casas solariegas en el Peñarol.

Un cementerio donde fueron sepultados Juan Bautista Crosa, Don Pedro Casavalle y muchos de los caídos en la Batalla de Las Piedras; acciones militares de Artigas en el sitio de Montevideo; el nacimiento del más joven de los 33 orientales, Carmelo Colman; historias como las del secuestro de uno de los Larrobla por parte de los indios; la presencia del apellido Crosa en La Cruzada Libertadora, son solo algunos ejemplos de quienes fueron los primeros pobladores de Peñarol.

Es posible considerar una segunda etapa, a mediados del siglo XIX, marcada por la llegada de apellidos italianos para afincarse en las quintas. Hoy todavía se conservan empresas familiares con más de 150 años de tradición: Campi, Bresesti, Panizza, Patron, Berrutti, Mazzuco y Faccio, entre otros.

Y por fin, con la llegada del administrador del Ferrocarril Central del Uruguay, Mr. Barker, entre 1888 y 1890 comienza la tercera etapa. Los ingleses compran 20 hectáreas para construir en la parte menos poblada de Peñarol lo que iba a llamarse “Nueva Manchester”. La estación, los talleres y su remesa, las casas para los jerarcas, para los obreros y el Centro Artesano donde funcionaría la primera escuela de Peñarol.

La Revolución Industrial se le había caído encima a una zona de quintas y campos vírgenes. El pueblo se transformaría en el principal centro ferroviario del país, y junto al Cerro serían los más importantes puntos de concentración proletaria del Uruguay.

Como es de suponer, se fue operando una transformación: social, cultural, comercial, urbanística y edilicia; esto sin perder en las quintas la gran producción horti-frutícola, ya que Peñarol era el principal abastecedor de frutas y verduras de Montevideo.

Si bien una corriente anglófila a principios del siglo XX, se afilió a que Peñarol había sido fundado en 1891 con la puesta en funcionamiento de los talleres del Ferrocarril inglés. No se pueden desconocer los más de 120 años de historia anteriores a la llegada de los ingleses. Este período está muy documentado.

¿Qué estaba ocurriendo en ese lugar hacia 1811, al inicio del proceso de emancipación oriental?

Teniendo en cuenta la llegada de Crosa en 1765 a la Banda Oriental, para afincarse en una zona surcada por un límpido Miguelete, podemos entender que con el comienzo del siglo XIX se desarrolla un proceso donde la zona “del Peñarol” se relaciona significativamente con la historia de nuestra independencia.

La iglesia Nuestra Señora de las Angustias construida en los campos de la “boticaria”, en honor de su esposo, fue testigo en 1801 del bautismo de Carmelo Colman (uno de los 33 Orientales), en 1804 del bautismo de un hijo de Don Pedro Casavalle, siendo padrino Don Manuel Artigas.

Entre 1750 y 1850 funcionó el cementerio al que ya hicimos referencia, en 1888 se clausuran los sepulcros, y se construye un osario común el que se identifica al principio, solo con la lápida de la tumba de Crosa (es el único testigo material que se conserva de aquella época).

En mayo de 1811 Don Pedro Casavalle recibe en su casa “del Peñarol” a los franciscanos expulsados por el Virrey Elío, por ser colaboradores del proceso artiguista.

Las reuniones previas al congreso de abril de 1813, fueron realizadas en Peñarol, desde donde se envió un diputado para representar sus intereses.

Durante el sitio de Montevideo, Artigas tenía su cuartel alternativo en la chacra de la Boticaria, desde donde organizaba su guerra de guerrillas, comandada por el “gaucho Culta”. Un nieto de Juan Crosa (Félix) fue coronel de la Cruzada Libertadora a las órdenes de Juan A. Lavalleja.

¿Cuál es la historia de la Plaza de la Estación, dónde el próximo 22 de octubre tendrá lugar “la vigilia” de esa ciudad?

En 1891 con la construcción de este pueblo modelo para la época se erige la Estación (242 metros cuadrados) para oficinas y vivienda del jefe y su familia. En el espacio central había una superficie de 3500 metros cuadrados, destinados a las dos alas de la plaza.

En una primera etapa, Don Pascual Conini (peón de maniobras) lo utilizaba como quinta en el espacio que da a Coronel Raíz. Sobre Aparicio Saravia, el jefe Don Román Domínguez con el beneplácito de los ingleses construye una fuente con una gruta de piedra en el centro. También se podía disfrutar de cercos de rosales, viejos pobladores contaban que cuando llegó María Vittori, se sintió cautivada por el color y aroma de las rosas. Esto provocó que se afincara en el pueblo junto a su familia, siendo la fundadora de la primera escuela de la zona.

La Estación y su plaza, eran sin duda un centro de atracción, donde las manifestaciones sociales y culturales de la localidad eran complementarias y potenciadas por la enorme cantidad de pasajeros, usuarios del servicio de encomiendas y los centenares de funcionarios. Este lugar era el preferido de los vecinos, y sobretodo de los jóvenes, quienes tenían allí la oportunidad de cruzar las primeras miradas.

El país se movía a través del ferrocarril, al punto de que el 21 de agosto de 1904, el presidente Batlle y Ordóñez saluda al coronel Pablo Galarza, quien comandaba el ejército del sur, el que se desplazaba en vagones de pasajeros y de carga rumbo a la batalla de Masoller.

Luego se habilita un andén lateral para la “combinación”, un tren con uno o dos vagones que unía Peñarol con Sayago. El paisaje de ese espacio cambiaba constantemente, un nuevo paratope, la “toma” para el agua de las vaporeras, el galpón que alojaría el motor para cargar los acumuladores de los vagones.

Los carteles que identificaban este solar, así como la plataforma de carga eran de madera, pero sobre la tercera década del siglo XX pasan a ser de hormigón.

Aparecen los cercos de alambre, chapas y hormigón prefabricado. Por décadas el mantenimiento de este emblemático lugar del casco histórico fue nulo.

Pero en noviembre de 2004, el intendente Arana presenta el “proyecto Peñarol”, en el que se incluye la recuperación de este espacio público. A partir de este hecho, y al influjo de Mario Delgado Aparaín y de Manuel Esmoris, comenzó un proceso irreversible que tiene uno de sus puntos culminantes en 2009 con la recuperación de este lugar. En efecto un convenio entre la Intendencia de Montevideo y AFE, permitió poner en valor este patrimonio urbanístico, industrial y afectivo. Se reformuló totalmente este espacio central, teniendo en cuenta su primera época, y se recicló el edificio de la estación para instalar un museo ferroviario y permitir que funcionen las oficinas de la estación.

Fue sustantivo el apoyo financiero del ayuntamiento de Gijón, para desarrollar este proceso de recuperación patrimonial.

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