Una historia atada a la guitarra

Breve entrevista con el profesor de Historia Juan Luis Casalla

¿Cómo fue el proceso fundacional de la actual ciudad de Treinta y Tres?

En cuanto al nacimiento de Treinta y Tres, la paternidad jurídica de su fundación le corresponde al proyecto de ley del legislador de Cerro Largo, Dionisio Coronel. Dicho proyecto fue sancionado por decreto del Poder Ejecutivo, el 10 de marzo de 1853, con firma del presidente de la República Don Francisco Giró, y del ministro de Gobierno Don Florentino Castellanos. En cuanto al reparto de los primeros solares y de las primeras tierras que van a dar lugar después al pueblo de 33, acá se formó una sociedad, la Sociedad Fundadora del Pueblo de Treinta y Tres, presidida por el presbítero José Reventós. A él le correspondió la venta de los primeros terrenos, destinados a constituir con el tiempo, el Pueblo de Treinta y Tres.

En lo que se refiere a los primeros pobladores, la población originaria estaba compuesta mayoritariamente por nativos del país, descendientes de españoles y de brasileros. En algunas familias también se veía mezcla de sangre indígena y africana. El segundo grupo, eran españoles donde predominaban los vascos, los catalanes, los castellanos y los andaluces. Básicamente esta sería la población originaria.

Para dar algún dato referencial, con anterioridad a la mensura del pueblo, estamos hablando de 1854, en la esquina de las calles Juan Antonio Lavalleja y Pablo Zufriategui, frente a la actual plaza 19 de abril, se edificó la primera casa. Fue mandada a construir por un vecino de nombre Miguel Palacios. Ese sería uno de los primeros pobladores de Treinta y Tres.

¿Qué estaba ocurriendo en ese lugar hacia 1811, al inicio del proceso de emancipación oriental?

Por 1811 la extensión que hoy ocupa la ciudad de Treinta y Tres, o sea, sobre las últimas estribaciones de la Cuchilla de Dionisio, no era más que un enorme chircal, dentro de dos grandes estancias conocidas como De Téliz y De Medina. En esas estancias bagualas, sin alumbrado, deambulaban más que nada perros cimarrones, pumas, osos hormigueros, tucu-tucus… Era una tierra más que nada poblada por ñandúes, calandrias, nutrias y carpinchos. Eso era lo que dominaba el paisaje. Y el monte criollo era muy tupido, abigarrado, muy variado en cuanto a especies de ejemplares. Por ejemplo estaba lleno de tarumanes, sombras de toro, talas, coronillas, pitangueros, molles y zucarás… Bueno, y naturalmente, los ríos Olimar y Cebollatí; los arroyos Yerbal, Parao y otros tantos, que brindaban abundante agua, que regaba estas tierras y permitían asentamientos, mas que nada de indígenas: charrúas, guaraníes y algunos minuanes. Si uno tratara de caracterizar la zona, yo creo que se reproducía la vieja realidad dieciochesca de latifundio, aislamiento e improductividad…

Los cronistas de la época señalan algunas cosas. Dicen que había abundante ganado silvestre, que “estaba envuelta la región en nombradía del cuatreraje y gavilla. Era un nido acogedor para los hombres de campo y de patriada”. Otras referencias… un historiador nuestro, Francisco Oliveres, también confirma eso, que eran tierras de pasaje, de tránsito. Pero no hay ninguna referencia específica de población estable. Eran estancias bagualas, llenas de ganado silvestre y se reproducía el viejo esquema en que prácticamente no había señales de civilización. Por lo tanto, no es posible señalar cómo se vivió allí “La Redota” y los primeros movimientos de la revolución oriental.

Sí encontré, por ejemplo, de 1820, el único registro local histórico que se asocia con los tiempos artiguistas. Y es que justamente, en las postrimerías de la defensa artiguista contra la invasión portuguesa, los capitanes de guerrilla Bento Gonçalvez da Silva y Diego Félix Feijó sorprendieron y dispersaron sobre el Paso de Pereira de Olimar Grande, a 300 orientales de las fuerzas artiguistas que estaban acampados en dicho lugar, bajo el mando del coronel Gregorio Aguiar. Murieron o fueron tomados prisioneros 61 personas entre oficiales y soldados orientales. Y esa referencia es del 6 de enero de 1820. Para ser más específico, esa batalla se dio en un paraje muy cercano al Río Olimar, vecino a donde hoy está situado el puente viejo.

¿Cuál es la historia del Parque del Río Olimar donde el próximo 22 de octubre tendrá lugar “la vigilia” de esa ciudad?

El Parque del Río Olimar está asociado más que nada con los encuentros tradicionales de festivales de folclore que se realizan allí desde hace más de 30 años. La identidad y la grilla que tiene este festival es más que nada referido a folclore nacional. Arrancó en el año 72, con fogones más que nada, y con cantores y artistas locales que se hacían en torno al parque, al monte y al río. Después fue ganando cada vez más fuste, más fuerza y se sigue festejando ahora, obviamente con una concurrencia ya masiva. Estamos hablando de 20.000, 30.000 visitnates cuando arrancó siendo a escala local, con cientos de personas. Se reúnen y se convocan todos los años, en la semana de turismo. Para eso se ha recreado todo un parque que está dividido en diferentes secciones, donde distinguís una zona de camping y una zona donde están los escenarios, que son dos. El escenario mayor que está bien cerquita del Río Olimar, se llama Serafín J. García, en homenaje obviamente a ese escritor. Y el otro escenario más chico que está rodeado a su vez de canchas de deportes – y es una zona muy generosa, muy linda, desde el punto de vista paisajístico- tiene el nombre de Rubito Aldave. Es otro artista local nuestro, ya fallecido, que incluso llegó a formar parte de Los Olimareños en sus inicios. Eran tres con él. Luego, él se desvincula, pero sigue siendo una de las figuras más destacadas en lo que refiere a la guitarra en Treinta y Tres. Por eso se le puso su nombre al escenario. Que tiene también otra particularidad y es que está al lado del Primer Museo del Canto Nacional que fue creado hace pocos años atrás y alberga allí registros de todo el pasaje de la historia musical de Treinta y Tres, de la famosa guitarra olimareña. Uno puede investigar allí sobre todo lo que es la raíz del canto olimareño. Pero la historia principal está vinculada más que nada al festival de folclore y a la música. La Historia de 33 está muy atada a la guitarra.

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